Dejemos los miedos: el punto G del hombre

18 | 07 | 2019
Dejemos los miedos: el punto G del hombre

Por Lorena

En la vasta búsqueda del placer, nos topamos con prácticas deleitantes, con otras que nos sorprenden, con aquellas que nos generan curiosidad, con otras que no comprendemos cómo a alguien pueden gustarle y con las que representan un tabú. Entre estas últimas se encuentra el punto G del hombre, conocido también como punto H o punto P.

La sexualidad es un campo de invitaciones, y las invitaciones son aceptadas o rechazadas, pero nunca temidas, o al menos así es como debería ser por parte de las personas que desean vivir una vida sexual plena.

El punto G del hombre llega a convertirse en algo tan intocable como una escena del crimen. Al recibir una caricia contundente en sus glúteos, muchos hombres se tensan y miran a su chica como diciendo “ni se te ocurra,” cuando en realidad sus pensamientos deberían inclinarse hacia el lado de la balanza que dice “adelante, sorpréndeme con tu destreza.”

El hecho de que el escurridizo punto se encuentre en el recto, lo cual requiere de una profunda penetración anal y que esta última esté estrechamente vinculada a la homosexualidad, no ayuda a que el punto G del hombre reciba los mimos y la estimulación que ha estado esperando toda su vida.

Como sabemos, el cuerpo no entiende de razones y expresa sus propias necesidades. Ignorarlas y mirar para el costado no las acalla, sino que hace que se manifiesten de otra forma, y esta vez no serán tan benevolentes a la hora de hablarnos.

¿Alguien se ha planteado que la insatisfacción sexual puede hacerse oír en forma de mal humor, molestias de salud e incomunicación con la pareja.

Es hora de derribar tabúes y permitirle a las experiencias que hemos puesto del otro lado del dique, penetrar (en el sentido literal) en nuestro cuerpo y en nuestra vida; es hora de escuchar el clamor del punto G del hombre.

La historia del punto G

Corría el año 1940 cuando el ginecólogo alemán Ernst Gräfenberg empezó a hacer ciertas observaciones en un determinado punto ubicado en el trayecto de la vagina. En honor al apellido de su descubridor, el punto comenzó a ser conocido como punto G y se perfilaba como una segunda grandiosa alternativa al placer sexual femenino: no solo el clítoris hacía explotar de placer a las mujeres, sino que también había un área que, estimulada de la forma correcta, podía ensombrecer el protagonismo del hasta entonces único responsable de los orgasmos.

En 1982 el punto G quedó consolidado como tal y se realizó una analogía entre él y la próstata masculina.

No pasó mucho tiempo antes de que los hombres salieran a buscar su propio punto G y, afortunadamente, lo hallaron.

¿Qué es el punto G masculino?

El punto G del hombre es la glándula prostática, tiene un tamaño del doble de una avellana y es una de las zonas más erógenas del cuerpo masculino, pudiendo llegar a provocar tanto, o incluso más, placer que el pene.

Además de generar placer, la glándula prostática es la encargada de generar la mayor parte del semen. Para encontrarla, hay que penetrar por el ano y adentrarse por el camino unos 7 centímetros. Cuando hallas una protuberancia, quiere decir que la has localizado y está todo listo para que la estimules con un gentil masaje prostático.

Claves para estimular el punto G en el hombre

En primer lugar, es muy importante que tu dedo esté correctamente lubricado. A partir de este momento, lo mejor es ir llevando a tu hombre a que desee tal penetración. Para ello, comenzar con su dinámica favorita de sexo oral es la decisión más estratégica.

Dos tips que te ayudarán en esta transición son:

  • Lame la unión del pene con los testículos.
  • Masajea suavemente el perineo (el área entre los testículos y el ano).

Un tercer tip es utilizar un lubricante con efecto calor.

Ahora tu terreno está listo para la penetración que permita alcanzar el punto G del hombre y hacer que tu chico llegue al orgasmo de forma mucho más intensa y rápida que siempre.

La penetración – un mundo aparte

Cómo podrán imaginarse, la penetración no ve agotarse sus recursos con el dedo, sino que esta parte de tu anatomía es una dentro de todo un amplio abanico de opciones. La juguetería sexual puede jugar un rol muy importante cuando se busca estimular el punto G del hombre. Entre las opciones más populares están:

  • Los dildos
  • Los estimuladores anales
  • Los penes realísticos con la ayuda de arnés

Cuando la penetración se realiza con el dedo, la estimulación debe ser una combinación entre movimientos circulares y una cierta presión en el punto G del hombre. Lo ideal es probar ambas dinámicas para que él te diga cual prefiere… bueno, eso siempre y cuando esté en condiciones de hablarte, claro está. En caso contrario, sigue como vas, ya que es evidente que estás dando justo en el blanco y de la manera más exquisita posible.

¿Y qué ocurre con la orientación sexual? ¿Cambia una vez que el hombre acepta la penetración anal?

La orientación sexual está totalmente deslindada de las prácticas de nuestra preferencia en la cama. La respuesta es no.

Cuando un hombre prefiere la compañía masculina, su gusto abarca una cantidad mucho más amplia de factores que la penetración. Un hombre no es un pene, sino un ser humano completo, con su voz, su pensamiento, su energía y, jamás nos olvidemos de esto, sus feromonas.

El gusto por la penetración anal para recibir estimulación en el punto G del hombre solo convierte a ese hombre en una persona que se ha atrevido a transgredir las barreras del pudor y del tabú, y decidió lanzarse a disfrutar de su sexualidad de la forma en la que su cuerpo se la pedía.

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