Hablemos de infidelidad

18 | 07 | 2019
Hablemos de infidelidad

Por Lorena


Comenzó como una idea disparatada de la ficción que el séptimo arte nos propone, para luego irse insertando en nuestra cotidianeidad y plantearnos una modalidad de vida totalmente distinta a la que conocemos: hablamos del desafío a la fidelidad. Las infidelidades fueron adquiriendo diferentes etiquetas: swingers, poliamor, pareaja abierta y permitidos. Cada una de ellas con una invitación a hacer lo que los expertos en antropología y en conducta sexual afirman que deberíamos haber hecho hace siglos: romper con la monogamia.

Si nos remontamos en el tiempo, y también si miramos al costado a todas las parejas casadas que tenemos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que las relaciones de pareja no han sido concebidas para desarrollarse en el marco de la monogamia.

El porcentaje de personas que jamás ha incurrido en infidelidades es mínimo. Está comprobado que si estamos seguros que no seremos atrapados teniendo una aventura sexual con otra persona, las probabilidades de que lo hagamos sobrepasan con creces el 90%.

¿Fue inventada la monogamia?

Definitivamente sí. Durante la etapa del Neolítico, el ser humano dejó atrás las costumbres de compartir absolutamente todo: desde la crianza de los hijos hasta las relaciones sexuales. ¿Por qué lo hizo? Estas fueron las razones:

  • Para ayudar a las mujeres a criar a los hijos
  • Para asegurarse de tener una mujer siempre disponible

Más adelante se sumaron otras razones que la afianzaron aún más:

  • Evitar las enfermedades de transmisión sexual
  • Garantizar la herencia

Olvidemos la herencia por un momento y centrémonos en las otras tres: ¿Son vigentes en la actualidad? No, claro que no.

Ninguna mujer necesita evitar infidelidades para cuidar a sus hijos, ya que si un hombre la abandona por adúltera, ella puede hacerlo sola, además de que cuenta con legislación que la ampara en cuanto a lo económico.

Por otro lado, no hace falta mantener relaciones de pareja estables para garantizarse una mujer, puesto que en la actualidad la amplia mayoría de las mujeres solteras viven una sexualidad libre y no es difícil acceder a ellas para tener sexo como sí solía serlo décadas atrás.

Por último, existen decenas de formas de prevenir las enfermedades venéreas, por lo que la abstinencia a las infidelidades ha quedado en desuso.

¿Es fiel quien desea a otras personas?

Supongamos que hemos tenido un esposo que ha sido fiel toda la vida, ¿acaso no saca a colación su fidelidad como si fuera lo mejor que ha hecho en la vida?

Cuando en el contexto de las relaciones de pareja echamos algo en cara, significa que nos ha costado un esfuerzo sobrehumano hacerlo. ¿O es que echamos en cara el hecho de haberle hecho el amor a nuestra pareja?

Como ven, la evitar las infidelidades es algo antinatural para lo cual debemos esforzarnos. La pregunta es ¿es fiel quien siente deseo por otra persona? Según cómo se lo mire, la respuesta puede ser sí o no, pero lo cierto es que nos está indicando que nuestro cuerpo pide otra cosa.

Tener a otras personas en mente es señal de que necesitamos del contacto sexual con otras personas, incluso mientras mantenemos a nuestra pareja estable a nuestro lado.

La otra pregunta es ¿rinde conseguir que alguien permanezca fiel a nosotros, incluso a costa de reprimir nuestros propios deseos?

Si nos ponemos a analizar, los sentimientos más habituales que surgen en el ser humano, en especial dentro del marco de las relaciones de pareja, estos están vinculados al amor, a la protección y a la felicidad de estar con el otro. Todo esto surge sin que nadie nos lo tenga que imponer. Sin embargo, sí nos deben imponer la fidelidad.

¿Y qué dice la Biología?

Siempre se ha dicho que afirmar que el hombre necesita a más de una mujer para estar sexualmente satisfecho, mientras que a la mujer con un hombre solo le basta, es un concepto machista creado por los hombres.

No obstante, si le preguntamos a la Biología, ciencia que nada comprende de infidelidades y de relaciones de pareja, observaremos que su respuesta será otra.

¿Estamos de acuerdo que la sexualidad tiene un fin reproductivo y que cuando elegimos pareja lo hacemos, a nivel subconsciente, pensando en perpetuar la especie? Entonces hay dos hechos que no podremos negar:

  • El hombre puede generar un hijo cada veinte minutos (incluso más seguido si es joven y está en buena forma)
  • La mujer puede generar un hijo cada diez meses (sí, no cuenta el período de cuarentena postparto)

Parece lógico pensar que quien nos creó, lo hizo pensando en que el hombre aprovechara todo el tiempo posible para engendrar, mientras que la mujer se quedaba en casa encargándose de su embarazo y de su pequeño.

Puede sonar muy frio, hasta muy básico y simplista, pero lo cierto es que alcanza con mirar al costado para darnos cuenta de que prevenir infidelidades es una empresa en la que tanto las religiones como la moral han fallado.

Entonces ¿hacia dónde nos dirigimos?

Todo parece indicar que vamos de regreso a lo que ocurría en el Paleolítico, cuando nadie consideraba a las personas de su propiedad y la sexualidad era una práctica libre entre miembros de una misma comunidad.

Claro está que la diferencia de entonces y ahora es que ahora contamos con una serie de comodidades y juguetes que pueden hacer de una práctica sexual grupal, o individual pero en un contexto de poliamor, algo mucho más divertido de lo que solía ser.



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